Poco a poco. Así es como hemos vuelto a retomar la vida en la ciudad. La gente que quiera demonizar a Sarkozy lo tiene fácil. Durante el séptimo día, cuando Dios descansó, Nicolas trabajó. Bajó de la nube y, en lugar de ocuparse de la diplomacia (Kouchner sigue siendo un adorno), habló. Y todo el mundo sabe que pasa cuando habla. Es un auténtico galán de película y convence a cualquiera. Dijo lo que los franceses (no huelguistas) querían oir.
- “Los franceses están hartos de ser rehenes” de la huelga de transportes.
- “Hay que saber terminar una huelga”.
- Las reformas de los regímenes especiales “no son un ataque”.
- “Francia necesita reformas”.
Tras estas palabras y un nuevo sondeo, la proporción de franceses contrarios a la huelga creció hasta un 68%, siete puntos por encima del último baremo.
Sea como fuere, Sarkozy afrontó de esta manera la jornada de negociaciones del miércoles desde esta perspectiva. Estas reuniones, que se retrasarán hasta mediados de diciembre, parece ser que serán una victoria para ambas partes. Los maquinistas obtendrán aumentos de sueldo, pero deberán cotizar 40 años, tal y como reclamaba el gobierno. Viendo el resultado de “reforma sin reforma”, y tras siete días en los que he desarrollado unos poderosos gemelos, me remitó a la pregunta retórica de François Hollande: “¿Por qué no negociaron antes?”
En todo caso, porque al final todo fue un poco como en Hollywood. El chico bueno salvó el mundo, y todos fueron felices. Quizás sea el comienzo de la invasión estadounidense.