Posts etiquetados ‘metro’

Goteras

3, 06, 08

No sé si es el metro o si soy yo, pero cada vez que desciendo a las profundidades de París, me preocupo más. Anoche viví un episodio terrorífico (o kafkiano). Estaba leyendo en el andén de la estación de la Bolsa, que está en obras, cuando de repente oí un ruido seco de un envase vacío. Miré a la vía y vi frente a mi un brick de zumo pequeño. Levanté la cabeza y no vi a nadie en el andén. Evidentemente alcé aún más la vista y vi una mancha de humedad en el techo. Blanco y en botella. El envase provenía de la gotera. No había agujero, sólo humedad, pero sin duda, provenía de ahí. Empecé a impacientarme porque no llegaba el metro, y a pesar de la nocturna hora, pensé que algún señor podría caer de otra gotera…

Hoy volví a subirme en el metro, no sin tomar precauciones. Llevo un paraguas de hormigón… por si las goteras…

RATAS (Habitantes de París III)

16, 04, 08

El otro día estaba en el Metro. Concretamente, en la estación de Concordia, que, para los que no la conozcáis, está compuesta con un montón de azulejos en los que está escrita la declaración de derechos del hombre. En una estación tan bonita me encontré con dos ratas. Digo dos, pero a día de hoy no estoy seguro de haber visto una o dos ratas. Es terrible el incestuoso parecido que tienen las ratas entre sí. Más de uno debería reflexionar sobre el sospechoso parentesco entre Mickey y Minnie.

Lo primero que hice, en un acto de valentía, fue buscar escondite, como una rata. Rápidamente me dí cuenta del error. Allí iba a ser el primer sitio en el que me buscarían. Cambié de estrategia, me oculté detrás de un banco, parapetado en mi novia. Ahí estaba seguro, a no ser que los murciélagos, familiares de las ratas como todos sabemos, decidiesen atacarme. En un acto suicida, decidí guardar la calma. En realidad lo que sucedió, fue que se acercó el metro, y supuse que el ruido (o el mal olor) espantaría a los roedores.

Permanecí tranquilo hasta que llegamos a casa, apenas tres paradas después. En ese instante, supuse que las ratas podían haber cogido un taxi. Estaba a salvo, los taxis tardan una hora en aparecer en esta ciudad. Ingenuas…

De esta experiencia, totalmente real (o casi, ya que los taxis tardan aún más tiempo en llegar), no se puede sacar ninguna moraleja. Simplemente ha servido para que vuelva a escribir en el blog, que le tenía un poco abandonado.

De todas maneras, tened cuidado, las ratas nos vigilan.

Más de lo mismo…

15, 11, 07

Seguimos con la edición especial por la huelga. Ahora que estoy en el ombligo de la información solamente puedo reclamar atención. Seguimos otras 24 horas de huelga a la japonesa en el blog. Seguimos detenidos en la ciudad. Todos menos la línea 14 (la automática) ¡qué esquiroles!

Amanecimos con un croissant en la boca y con unos cuantos kilómetros por delante y sin metro. Desde la hora de la comida empezaron a llegar informaciones que invitaban al optimismo, a una temprana resolución de la huelga. Medio París, entre resignado y atascado, no podía creer las declaraciones, las informaciones, las comunicaciones… Sindicatos y gobierno estaban en el camino de la negociación. La desilusión se comenzaba a masticar a la hora del café, cuando un representante de la CGT, principal sindicato francés, opinaba que la mejor medida era continuar con el paro. La cena, finalmente, casi se nos atraganta con el nuevo anuncio de huelga. Otras 24 horas sin transporte público.

El día ha transcurrido con grandes atascos cuando ha empezado a funcionar la ciudad, y otros tantos cuando decidimos que íbamos a cerrar hasta la mañana. El resto de la jornada, una gran cantidad de gente andando por la calle. Gente perdida con maletas y demás daños colaterales de la huelga. Millones de bicicletas por la calle, eso sí, al final parece que sobraron “Vélib”. Pasé por delante de algunos puestos y estaban muertos de risa.

La resignación se adueña de nosotros. Mañana es casi seguro que se resolverá el conflicto, al menos la parte referente al transporte. El único feliz de esta jornada desastrosa es el primer secretario de los socialistas, François Hollande, ya que muchos de sus compatriotas han repetido su, obvia, declaración: ¿Por qué no han negociado antes?