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Los habitantes de París (II): Monsieur Clochard

8, 11, 07

¿Coges el metro? Sin duda es la actitud más normal si estás en una estación. Es raro ver a la gente meterse en una madriguera subterránea a pasearse o a comprar… Aunque después de haber visto un puesto de fruta en el metro de esta ciudad. De todas maneras, lo que más me llama la atención del metro de París son los mendigos.

 

De todas las ciudades en las que he estado, el sitio en el que más me han llamado la atención los sintecho, ha sido París. Esta ciudad, por si no lo recordáis, fue el corazón de una revuelta de los “Hijos de Don Quijote”, el pasado invierno, cuando consiguieron arrancar al ya podrido gobierno Villepin una promesa para que el derecho a una vivienda digna, que sirve de adorno en muchas constituciones, fuese una realidad. En definitiva, en la Ciudad de los Tópicos no puedes referirte al mendigo como tal, queda mejor Monsieur Clochard.

Cuando se quiere rendir visita a Monsieur Clochard, hay que ir a su casa, es decir, al metro. Una vez abajo, colócate en un extremo del andén y espera a que venga el metro. Después de que se haya ido la marabunta, dejando bajar antes de subir, él que se ha quedado en la estación es el Monsieur Clochard. El metro no es lo suficientemente bueno para él. Espera tranquilamente a que aparezca una carroza tirada por caballos, una limusina, una caravana de camellos o un unicornio. A lo mejor, algún día…

 

Después de haber comprobado su hábitat, fijaos en su aspecto. Aparentemente no difiere de un mendigo de otra parte del mundo, pero cinco segundos después cambiaréis de opinión. La mirada de Monsieur Clochard está compuesta por una cantidad infinita de colores psicodélicos. Parece que han consumido una cantidad de drogas valorada en un 10 en la escala Woodstock de drogadicción. Una lluvia de miradas de este tipo, leyendo diccionarios o esperando unicornios, pueblan los pasillos subterráneos de la ciudad.

 

Monsieur Clochard vive en una dimensión paralela. Para ti es un indigente que vive en la miseria, sin embargo, él es una historia con piernas y con olor a alcohol barato ¿Cuál fue el momento en el que perdió su conexión con la realidad?¿Cuál fue el momento en el que la perdiste tú?

Los habitantes de París (I)

3, 11, 07

Una de las cualidades de París es que hay muchas cosas que parecen un tópico. La primera vez que visité la ciudad, afirmé que las casas estaban huecas, y que era todo un decorado para los turistas. Los parisinos no existían. Estaba seguro de que eran algo así como los unicornios o las sirenas. Unos seres mitológicos que sólo servían para adornar los cuentos, o como extras en alguna película. Absolutamente nadie pudo convencerme de que dentro de las casas había vida, y, sinceramente, sospechaba que había unos empleados de recoger los decorados por la noche, para que no se estropearan.

Una vez dentro de la ciudad, he descubierto que las casas son de verdad, aunque es mejor no tocarlas mucho, ya que corren el peligro de pasar a formar parte del recuerdo con el menor soplo de viento. Lo más curioso es que dentro de las casas vive gente. Aún no he comprobado si son actores a los que paga el ayuntamiento por ser parisinos. Sospecho que son de verdad, porque, lo más probable, es que si estuviesen contratados por el ayuntamiento París funcionaría sólo durante dos tercios del año, ya que el tiempo restante habría huelgas.

De hecho, también he descubierto que hasta los franceses se enamoran, aunque eso sí, se enamoran de sí mismos. Tienen un gran concepto de sí mismos. Tienen en el centro de la ciudad una gran antena para ver la tele. Algunos de ellos afirman que esto demuestra que son un pueblo adelantado a su tiempo. Pusieron la antena décadas antes de que se inventase el televisor. Tienen un gran “Hôtel des Invalides”. Es una pena. Ya no les sirve, porque los “invalides” hace tiempo que pasaron a ser “handicapés”. Tienen una gran noria en la Plaza de la Concordia, que causa gran horror…

Pero también, son gente activa. Gente con una opinión formada. Gente que sabe lo que quiere. Después de 40 años aburridos, han decidido que ya era hora de montar otro mayo francés. El país ha demostrado una gran unidad y entereza. Todos decidieron que había que votar a un enano de jardín, que, acomplejado por su primo actor (que salía en Amélie), ha decidido emularle y viajar por todo el mundo ¿Qué razón empuja a un pueblo a votarle mayoritariamente y a manifestarse sólo seis meses después de su victoria? Sólo las mentes más inteligentes lo comprenderán.

En definitiva, una gran ciudad que espero que descubráis gracias a los próximos artículos, en los que describiré los personajes que me vaya encontrando en los decorad… perdón, por las calles de París.