Otra gran cuestión que me ha hecho pensar durante largo tiempo ha sido el movimiento de las ratas durante nuestro encuentro.
En un primer momento, la rata se situó en el andén con dirección a Montparnasse, al sur de la ciudad, en el mismo que estaba yo, aún no sé si con intenciones de atacarme, para después salir corriendo, cruzar la via jugándose la vida, y colocarse en dirección a Montmartre, al norte, al otro extremo de la ciudad.
Evidentemente, la rata no huyó por mi varonil presencia (ella tenía más pelo que yo), sino que huía de la Torre Montparnasse, un monstruoso rascacielos situado a los pies de la tumba de Julio Cortázar.
Este reflejo honra a la rata ( o a las dos, ya que todavía desconozco su número). Sin duda, las ratas tuvieron un acto reflejo, ya que si lohubiesen pensado bien tampoco hubiesen ido a Montmartre, pues el arquitecto del Sacre-Coeur no tiene nada que envidiar al de la Torre Montparnasse.
¡Qué vida de ratas tener que elegir entre esos dos monstruos!